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NUESTRO VALOR DE INTEGRIDAD

Somos coherentes en el pensar, decir y actuar; lo manifestamos con conductas éticas que nos permiten construir y mantener relaciones confiables y duraderas.

CONTEXTO  ECLESIAL:

El hombre es la única criatura hecha  a imagen y semejanza de Dios (Cf. Gn 1,26-27). El hombre es inteligente, posee una naturaleza espiritual, es libre y capaz de amar. Por esta razón, el hombre es la única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma y que no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.

La integridad no es el fruto de las cualidades particulares, sino de la naturaleza racional y espiritual que componen a la persona. Ni la enfermedad, ni el color de piel, ni la inmadurez física o emocional, ni el desarrollo de las propias capacidades, ni las creencias religiosas, ni la clase social pueden cambiar la dignidad esencial de todo ser humano y los derechos que son consecuencia de su dignidad.

(Gaudium et Spes n° 74).

REFLEXIÓN:

Jesús nos invita con su ejemplo a ser coherentes en el pensar, decir y actuar como nuevas criaturas que somos, encarnando la vida de Jesucristo, quien permaneció siempre coherente entre su Misión de enseñar y su actuar y nos invita a todos a acoger este modelo en nuestra institución, realizando nuestra labor diaria, siendo intachables, sensatos, íntegros, honestos, y respondiendo así a quienes servimos diariamente con ética y profesionalismo.