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El respeto por la vida y la dignidad humana supera todos los preceptos de la ley. Decir Sí a la vida, nos lleva a tener presente esta reflexion del Papa Francisco.

“Los ciudadanos deben ser valorados en su libertad y protegidos por un orden estable. No es la ley del más fuerte, si no la fuerza de la ley, la que es aprobada por todos, quien rige la convivencia pacífica, Se necesitan leyes justas que puedan garantizar esa armonía; Leyes que no nacen de la exigencia pragmática de ordenar la sociedad sino del deseo de resolver las causas estructurales. Sólo así se sana de una enfermedad que vuelve frágil e indigna a la sociedad, La paz, la justicia y el bien de todos. Es consciente de que los principios evangélicos constituyen una dimensión significativa del tejido social, en especial, el respeto sagrado a la vida humana, sobre todo la más débil e indefensa”.