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El Defensor, el Espíritu santo que enviará el Padre en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que [yo] les he dicho”.  Juan, 14, 26.

El Espíritu Santo siempre representa la presencia de Dios en medio de su pueblo. Dios, como un Padre, siempre da vida, acompaña y protege a sus hijos. El Espíritu Santo siendo Dios mismo, es la fuerza que guía a las personas en sus acciones, en sus actos, en sus pensamientos, palabras, sentimientos e intenciones. Ilumina el caminar, y fortalece la fraternidad y las decisiones para el bien de la comunidad. Estas acciones no son sino la aceptación de Dios en lo cotidiano de la vida conjugándose en el amor al prójimo.

Así nos lo recuerda la Oración de Jean, Cardenal Verdier:

ORACIÓN AL ESPIRITU SANTO

Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo,
Inspírame siempre lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia Santificación.

Espíritu Santo,
Dame agudeza
para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén.